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miércoles, 9 de agosto de 2017

HACIA UN DEBATE PÚBLICO SOBRE LA EMIGRACIÓN


         La emigración es ya uno de los problemas que más preocupan a la opinión pública europea. Ésta está dando un giro, dejando a un lado los mendaces argumentos paternalistas y caritativos, buenistas, sentimentales y asistenciales con que los poderes constituidos tratan mediáticamente tan decisiva materia, para atenerse a un enfoque cada vez más riguroso y objetivo de los hechos, lo que lleva a un número creciente de personas a considerar con espíritu crítico el hecho migratorio masivo.

         Nos aproximamos a un momento de ruptura, en el cual una parte progresiva de las gentes de Europa se posicionará en contra de la emigración de masas, enfatizando el daño que hace no sólo a las clases modestas del Viejo Continente, del Norte, sino también a los países “en vías de desarrollo”, del Sur, que están siendo devastados y saqueados a placer por los ricos de los países ricos por medio del torrente sin fin de la emigración.

         Cada vez se comprende mejor que ésta es una decisiva estrategia del capitalismo globalizador para golpear y desvalijar, aculturar y devastar a las clases modestas de los países ricos y de los países pobres al mismo tiempo. En él hay un ganador doble, el gran capital de los territorios receptores y emisores de emigrantes, y un perdedor asimismo doble, las gentes trabajadoras de ambos tipos de países.

         Ese debate, que ya está empezando a tener lugar, es invariablemente contestado desde las instituciones y sus agentes con calumnias, injurias, amenazas, agresiones y exclusiones. Dado que la emigración es absolutamente vital para la patronal de la era global, pues dinamiza al capitalismo y le proporciona mano de obra barata, y para el Estado/Estados, debido a que los emigrantes contribuyen a llenar las arcas del Estado acrecentando los ingresos tributarios, hoy no es posible expresarse con libertad sobre este asunto. Así pues, falta absolutamente la libertad de expresión, también porque las fuerzas institucionales son incapaces de aportar argumentos, lo que les obliga a valerse de una estrategia del temor y el linchamiento, que aplican brutalmente a quien difiera, por poco que sea, de la versión oficial.

         El debate, por tanto, ha de hacerse fuera de las instituciones, y en la semi-clandestinidad.

         Al mismo tiempo, para imposibilitar que las gentes modestas de Europa despierten a la verdad sobre esta materia, los poderes constituidos invierten una enorme cantidad de dinero en propaganda, financiando a un sinnúmero de instituciones, fundaciones, colectivos, personalidades e intelectuales, a los que encargan la defensa de la versión oficial, hecha de ocultaciones clamorosas, medias verdades, sofismas cuidadosamente urdidos, explotación descarada de los buenos sentimientos de las gentes, chantaje emocional y mentiras descomunales.

         Ante ello nuestra meta ha de ser proporcionar datos, estudios y análisis serenos, equilibrados y objetivos sobre el hecho migratorio, señalando las manipulaciones de que se sirve la gran patronal y sus compadres del ente estatal para tener mano de obra abundante y gratuita, que es robada, literalmente, a los países pobres. A éstos el neocolonialismo europeo, además de saquearles sus recursos naturales, ahora les estás expropiando lo más valioso, su población.

         Es tantísimo lo que está en juego que los apologetas de la emigración no se detienen ante nada. Pretenden que el conflicto principal se da entre autóctonos y emigrantes, cuando no es así, pues en todo ello hay unos ganadores, los ricos, las clases medias y la aristocracia obrera, y unos perdedores, los trabajadores, parados, jóvenes y mujeres de menores ingresos y recursos, sean indígenas o emigrantes. Para sostener esta ficción, han de tapar que los inmigrantes con arraigo, los que llevan en Europa diez años o más, están en contra de la emigración actual con más motivos que nadie, debido a que ellos son los perdedores netos. Por ejemplo, si el salario real del emigrante medio ya afincado aquí está ahora en los 3-4 euros la hora, la llegada de, pongamos por caso, un millón de nuevos emigrantes (que es el número de personas robadas a Siria por Alemania con la mayor desvergüenza), significaría que los salarios de aquéllos se quedarían en los 2-3 euros, lo que conforma una situación de precariedad preocupante.

         Por eso los defensores de la emigración, que se erigen en portavoces y bienhechores de los emigrantes sin que éstos les haya autorizado a ello, tienen que valerse de la intimidación y el miedo como elementos concluyentes para lograr el asentimiento de las gentes a la política institucional de abastecimiento al gran capitalismo europeo de mano de obra criada en otros países, con lo que para él resulta ser gratuita, de coste cero. En ese uso matonil del temor y la amenaza coinciden todas las fuerzas política, todas las ideologías, todos los aparatos clericales y todos los poderes institucionales.

         La situación está alcanzando un punto crítico, en el cual ya no sirve, como hasta ahora, el efecto embrutecedor y paralizante de las mentiras y, sobre todo, del hostigamiento y la intimidación a quienes se atreves a exponer la verdad, que a veces son inmigrantes a los que sin contemplaciones se tapa la boca. Por ejemplo, cuando algunos marroquíes beneméritos arguyen que su país se está quedando sin juventud porque toda ella se viene a Europa, y que eso es una catástrofe demográfica, económica y cultural (es, en realidad, un genocidio perpetrado con palabritas melifluas y discursos buenistas), además de política, se les agrede verbal y mediáticamente y se les trata como unos indeseables, sin que hagan nada en su ayuda, más bien al contrario, los profesiones multi-subsidiados de “la lucha contra el racismo y la xenofobia”.

         La meta ha de ser aportar conocimiento y luz sobre la totalidad del fenómeno migratorio. Hay que proporcionar análisis ponderados y objetivos a fuer de serenos y bien documentados para que cada persona pueda formarse su propia opinión sobre esta determinante materia con razonable libertad, lo que ahora no existe. Hay que oponer a la propaganda  institucional pro-emigración la verdad sobre la emigración como el gran negocio del capitalismo senil y vandálico europeo, neocolonialista, del siglo XXI.

         Es necesario investigar su fundamento económico y los efectos, tan dispares, que origina en los ricos y en los pobres de los países ricos. También es preciso analizar lo que está sucediendo en los países pobres exportadores de mano de obra, convertidos en granjas de crianza de seres humanos que, alcanzada la edad de ser productivos, son llevados a Europa. En estos países hay unos ganadores con la emigración, sus oligarquías, casta clerical y Estados, y unos perdedores, las pobres gentes forzadas a convertirse en ganado de labor con rostro humano.

Eso no niega la responsabilidad moral y política de los emigrantes, de cada uno de ellos persona a persona, cuyo deber cívico es permanecer en su país para allí promover cambios revolucionarios que realicen el derecho a vivir en donde se ha nacido (que es uno de los derechos naturales de todo ser humano) en vez de venir a Europa a integrarse en la sociedad de consumo, fortaleciendo el neocolonialismo europeo con su trabajo y estancia. No hay paternalismo posible ya, y cada parte debe asumir sus responsabilidades. Porque el paternalismo es una de las peores expresiones de racismo.

         Quienes creen que la emigración es algo así como una actividad “anticapitalista” deberían leer los textos de, entre otros, Alberto Recarte, un economista de cierto prestigio impúdicamente valedor del capitalismo. En ellos Recarte explica que la emigración es una bendición inmensa para la patronal y el poder financiero español, más aún, que es el fundamento mismo de su crecimiento en los últimos decenios.
        
         Hay que estudiar experiencias históricas de captura forzada, semi-forzada o manipulativamente “libre” de mano de obra, conversión de los seres humanos en ganado laboral y emigración. Por ejemplo, en Roma, en donde el aprisionamiento de nuevos esclavos era la meta número uno de las guerras incesantes que llevó adelante la república romana y luego el Principado, su sucesor. Hay que explorar al tráfico trasatlántico de esclavos negros, de África a América en la edad moderna, que ahora se repite con Europa como destino. Y, sobre todo, conviene examinar la política migratoria de los nazis en el poder, que llenaron Alemania de emigrantes, igual que está haciendo esa mujer perversa y enloquecida que es Ángela Merkel, sucesora y continuadora en todo lo importante de Hitler.

Alemania es hoy, igual que lo fue con los nazis, el enemigo número uno de Europa. En España la derecha y la izquierda, la extrema derecha y la extrema izquierda, todos, siguen a Merkel, repiten sus consignas y realiza su política. Frente a ello se ha de alzar el programa de la revolución popular integral para la emigración. La gente que hoy en Alemania aplaude el expolio de la población de Siria es la misma que en 1933 votó a Hitler, el mismo tipo de alemanes depravados que luego, en 1943-45, estando la guerra ya perdida, estuvieron hasta al finar con el Führer, matando y haciéndose matar sin sentido. Ahora es una Führer quien lleva a adelante todo ello, porque en el presente una buena parte de las maldades y genocidios realizados desde el poder han de ser dirigidos por mujeres, pues ese el signo de los tiempos…

         De notable importancia será el estudio de la política migratoria del franquismo, que trato en mi libro “Naturaleza, ruralidad y civilización”. El fascismo español se sirve a lo grande de la emigración, sobre todo en dos de sus variantes. Una es el saqueo de la población rural, convertida en mano de obra para la industria y las ciudades, lo que lleva a la aniquilación de la sociedad rural popular tradicional y su admirable cultura milenaria, lo que tiene lugar en 1955-1970. Otro, el forzamiento de la emigración hacia Europa, lo que convirtió las remesas de los emigrantes, la gran masa monetaria en divisas que enviaban a España, en probablemente el fundamental factor económico que dio estabilidad y continuidad al régimen de Franco. Sin esas dos operaciones migratorias el fascismo español no habría podido mantenerse los cuarenta años célebres, luctuoso suceso que es un caso concreto ente cientos que muestra que cualquier hecho migratorio es pieza esencial de las estrategias de la reacción y las tiranías.

         El problema no termina ahí. Se debe estudiar la emigración a Europa como una forma de limpieza étnica y sustitución racial, dirigida a convertir a los pueblos indígenas europeos en una nueva versión de los pueblos indígenas de América, en minorías oprimidas, marginadas, alcoholizadas, entregadas a las drogas, enfermas del cuerpo y del espíritu, que no se reproducen y en fase de extinción. Todos los pueblos tienen derecho a la continuidad como etnias pero ahora ese derecho está siendo conculcado a lo grande en Europa, donde existen numerosos barrios, ciudades y poblaciones en el que el proceso de sustitución étnica y limpieza racial ya se ha realizado. En sólo una generación, si no hay revolución, los pueblos europeos serán minorías en sus propios países, minorías perseguidas y condenadas a la desaparición. El furor del racismo antiblanco, que es hoy la forma principal que adopta el racismo institucional, es decir, estatal y empresarial, en Europa, así lo indica. Frente a tales horrores la revolución anticapitalista popular es el único remedio efectivo.

         En todo este torbellino de perfidia y demencia los aparatos mediáticos del poder constituido nos echan encima una y otra vez a los niños y niñas pijos, a las hijas y los hijos de papá, que con, su conocida arrogancia clasista y odio por lo popular, denuncian sin descanso lo muy “racistas”, “xenófobas” e “islamófobas” que son las clases asalariadas, por resistirse a la estrategia de limpieza étnica y sustitución racial diseñada por la gran patronal. Estos sujetos se están haciendo ricos con tal ejecutoria, y es imposible ponerse delante del televisor o abrir un periódico sin que aparezcan allí, agresivos, demagógicos, insultantes, amenazantes. No puede ser de otro modo, son los nuevos “soldados de la fe” inquisitoriales del capitalismo globalizado… aunque lo cierto es que están perdiendo la partida y es posible que tenga un fin triste y ominoso a medio plazo.

         Tenemos que considera el futuro con optimismo. La perfidia del gran capitalismo europeo, cuando se ha hecho agente de un genocidio étnico y cultural contra los pueblos europeos, brinda a éstos una buena oportunidad para desprenderse de él por derrocamiento revolucionario, para convertirlo en una realidad del pasado. Eso es la revolución. El tándem gran capital/Estado, que es el meollo de la Unión Europea, puede naufragar si los pueblos europeos se alzan para persistir en su ser, para evitar el exterminio, para reproducirse y tener hijos, para liquidar los poderes estatales/empresariales que nos aniquilan

         Muchas más cuestiones hay que ir analizando y trasladando a la opinión pública. El conjunto formará un corpus argumental con el que mover en la calle a los pueblos contra el hecho migratorio y quienes lo realizan y defienden, por la revolución popular, por una sociedad comunal autogobernada y autogestionada.

         Para ello hace falta inteligencia, cómo no, pero sobre todo valentía, Quien se atreva debe saber que va a ser linchado por los poderes establecidos y perseguido por sus partidas callejeras de la porra, lo que alguien ha denominado “ejército del terror” del capitalismo globalizador. La valentía y el coraje son, en este asunto, el componente esencia de la metodología necesaria.

         Este debate lo perderá el poder constituido y lo ganará el pueblo. En los hechos así está siendo ya.  

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